Lumen Spanish
adores y sus vecinos lo reconocían y respetaban. Es posible que du- rante este tiempo también tratara de suplir todo lo que hacía falta para completar su formación. Este pacífico tiempo de preparación para continuar sus estudios, que duró un año y medio, fue interrumpido en el verano de 1648 por una seria enfermedad. En esa época, era común caer víctima de las pestilencias que asolaban a Lvov y a toda el área durante las su- blevaciones cosacas. Al principio, Juan tuvo una fiebre muy alta, de la que no pudo recuperarse al menos por cuatro meses. Gracias a los cuidados de la madre de la familia en donde se hospedaba, su fiebre cedió, pero su cuerpo quedó cubierto por entero de costras tan re- pulsivas que se le pidió que abandonara la casa. 121 De allí en adelante, casi muerto, vagó por las calles y callejones de la ciudad, mendigando comida y abrigo. Por un corto tiempo, al- guien le permitió quedarse en su casa, pero, cuando las costras no sanaban, le negaron refugio. Mientras tanto, el invierno se aproxi- maba, y estaba noche y día sin techo, cada vez más enfermo y aban- donado. Sólo podía contar con la ayuda de Dios, por eso clamó a Él con confianza. Y fue entonces cuando Dios le envió a un compañero desconocido, que lo guió fuera de la ciudad, para que pudiera pasar la noche en el heno del granero de alguien. Debía hacerlo de noche, en secreto del dueño, que quizá no lo dejaría. Junto a su compañero, iban de puerta en puerta mendigando comida. 122 Llegó la Nochebuena de 1648. La enfermedad de Juan Papczyn- ski se intensificó, tanto que no pudo concurrir a Misa. Durante toda la octava de Navidad estuvo en una cama de heno, alimentándose sólo de una frugal comida que le traía su protector, que fue bonda- doso con él como sólo una madre o un padre podían serlo. Cuando terminó la octava de Navidad, Juan se sintió un poco más fuerte. Por la mañana, iba a la ciudad. Por la tarde retornaba a su lugar de reclusión. Hizo esto cada día. Un día, sin embargo, se sintió mal nuevamente y no tuvo fuerzas para llegar a su escondite, y se in- trodujo en la casa de un hombre llamado Snopek que era artesano y E STANISLAO P APCZYNSKI 70
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