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invasores. Wielkopolska atacó primero, porque la gente de allí había sido la primera en experimentar la agresión sueca. La resistencia con- tra los suecos se comenzó a ver ya a los dos meses del comienzo de la invasión. En la vecindad de Wschowa y Koscian los levantamientos fueron dirigidos por el prefecto Cristóbal Zegocki. Lituania también se alzó en armas y bajo las narices de los Radziwills el levantamiento se intensificó. Pablo Sapieha, el voivodía de Vitebsk, más tarde hecho comandante por el rey, guió el levantamiento allí y en Podlasie. Acosó a los Radziwills con sus ataques de manera tan efectiva que forzó a Jano Radziwill a buscar refugio en Tykocin, donde este traidor murió el 31 de diciembre, “entre terribles dolores de cuerpo y alma”. Dejó este mundo ignorado por los suecos, sin ayuda, lisiado y postrado en cama por una enfermedad que le producía terribles dolores en las ar- ticulaciones. Uno podría decir que no tuvo paz ni siquiera después de su muerte, ya que cuando Tykocin fue capturada en 1657 los sol- dados suecos hicieron explotar la torre del castillo, muriendo ellos mismos y destruyendo el cajón que contenía los restos de Radziwill. 57 La vida del traidor de Wielkopolska , Cristóbal Opaliwski, también terminó mal, ya que murió aún antes que Jano Radziwill, entre el 4 y 5 de diciembre. Murieron en el mismo orden en el que habían trai- cionado a su tierra natal. 58 Uno de los eventos famosos de esa época fue la defensa de Jasna Gora. Había estado bajo ataque sueco, guiado por B. Müller, desde mediados de noviembre al 26 de diciembre. Este evento particular movilizó a los corazones polacos de una forma especial, porque des- pués de todo la ciudad de la Madre de Dios estaba siendo atacada, la ciudad donde era venerado su icono milagroso en el monasterio de los padres paulinos con el valiente Padre Kordecki a la cabeza. En su libro titulado “Potop” (Diluvio), Enrique Sienkiewicz, un escritor polaco, describe bellamente la lucha de los soldados que defendían Jasna Gora repeliendo los numerosos ataques de los malvados inva- sores. En esa ocasión los polacos vieron que el enemigo podía ser vencido. 59 Con los Padres Escolapios 111
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