Patrimonio y espiritualidad de la Congregación 89 Procuren conocer, amar e imitar a Cristo cada día más y más, inmersos en el Espíritu de Cristo y dirigidos por Él. Y, de esta manera, pongan a Cristo como guía y ejemplo, en todo esfuerzo y empeño para extender el Reino de Cristo, y llevarlo a todas partes. PC 5; NV, 1–2; CR 3; Instr. I, 12 Formados por el Espíritu Santo 6El Espíritu Santo realiza la misión de Cristo en el mundo a través de la Iglesia. De la misma forma que infundió de santidad a María, también proporciona la gracia apropiada a los bautizados, ordenados y consagrados. Por lo tanto, cofrades, invoquen con frecuencia y reciban al Espíritu Santo, permitiéndose guiar y formar por Él, con María como ejemplo, para llegar a ser santos y sin mancha ante el rostro de Dios. Mientras meditan en la Palabra de Dios y disciernen los signos de los tiempos, busquen el conocimiento y el cumplimiento de la voluntad de Dios. En la sabiduría y en el poder del Espíritu Santo, proclamen el Evangelio al mundo entero. VC 19; VVen, Prologus Con María inmaculadamente concebida 7Al seguir a Cristo, nos muestra el camino y nos ayuda la Inmaculada Virgen María. Ella, quien desde su concepción, libre de pecado y llena de gracia, colmada del amor gratuito del Espíritu Santo, es modelo de la victoria pascual de Cristo y la primera participante de la redención. Ella revela el amor creativo y salvífico de la Santísima Trinidad; es imagen de un hombre nuevo capaz de relacionarse con Dios y con los hombres, el inicio de un nuevo Pueblo de Dios y semilla de una nueva humanidad. Contemplando a la Inmaculada Concepción de María, cofrades juntamente con toda la Iglesia conozcan, amen, profesen, celebren y proclamen este misterio. De él reciban la inspiración para la vida espiritual, comunitaria y el apostolado. Sobre todo, por este misterio, María convoca a los cofrades a confiar en la infinita fecundidad de la obra de redención, a evitar todo pecado, a amar la pureza del corazón, a infundir plenamente la vida de gracia y el amor de Dios, a edificar de tal modo la Iglesia en la unidad para “que sea santa e inmaculada” (Ef 5, 27). LG 65; Oblatio; Testamentum I; NV I, 2; CR 164; Instr. I, 12
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