Regla de la imitación de las Diez Virtudes Evangélicas 321 sus propias manos. Por tanto, imiten también las ejemplares costumbres de otras Órdenes, tanto en su trabajo espiritual como físico. Finalmente, todos deben guardar las cosas en común en lugar de las que se proporcionan a cada persona en particular. Sin embargo, se debe proveer a cada uno todo lo indispensable según el voto de pobreza, de manera especial para los enfermos, según las necesidades de cada uno. En tiempo oportuno y preciso, hacer previsiones, especialmente para las cosas que no se pueden encontrar en otros momentos. Pero el superior tenga cuidado de no herir a los demás favoreciendo a uno. Capítulo VIII La virtud de la paciencia de la Virgen es la octava virtud mencionada en el Evangelio, que deben poseer y cultivar de tres maneras a imitación de la Virgen. La Virgen María fue siempre pacientísima y, para agradar a Dios, con su paciencia, ella pensaba, hablaba y actuaba de la siguiente manera: ella soportó pacientemente la persecución de Herodes y los judíos. Durante tres días estuvo angustiada buscando a su Hijo, y cuando lo encontró, con cierta alegría y voz maternal, dijo: “Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Tu padre y yo te hemos buscado angustiados” [Lc 2, 48]. Siguiendo el ejemplo a imitación de la Virgen, las almas consagradas para agradar a Cristo deben desear algo para sufrir por su Esposo [cf. Hch 5, 41] y sobrellevar con paciencia cualquier cruz e incluso alegrarse cuando sufran una persecución injusta, porque el Señor Jesús dijo: “Por su perseverancia salvarán sus vidas” [Lc 21, 19]. El apóstol dijo: “Si sufrimos con él, también reinaremos con él” [cf. Rom 8, 17; 2 Tm 2, 12]. Por tanto, las almas que por Cristo soportan el mal en este mundo, recibirán de Cristo en la recompensa en el cielo.
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