Constituciones y Directorio De Los Padres Marianos

Anexo 320 Capítulo VII La virtud de la pobreza de la Virgen es la séptima virtud mencionada en el Evangelio, que deben poseer y cultivar de tres maneras a imitación de la Virgen. La Virgen María siempre vivió muy pobremente y debido a la pobreza, para agradar a Dios, ella pensaba, hablaba y actuaba de la siguiente manera: como no había lugar para ella en la posada, se acomodó en un lugar paupérrimo; acostó a Jesús “en un pesebre” y lo envolvió en pañales [cf. Lc 2, 7], lo alimentaba de su pecho, sin tener otro alimento para su Hijo. Siguiendo el ejemplo y a imitación de la Virgen, las almas consagradas a Dios deben amar y conservar esta perla evangélica de la pobreza, sin la cual caen casi todos los fundamentos de la perfección. No es fácil encontrar estas dos cosas juntas en un convento, a saber: riqueza y piedad. Por tanto, las personas que profesan los votos según esta Regla, permanezcan como viajeros en las casas de su Orden; cuyos edificios deben erigirse sin exagerada elegancia y lujo. Porque Jesús es acostado en un pesebre cuando aman las celdas y los dormitorios simples; se envuelve en pañales cuando visten ropa gruesa y tosca; se alimenta de leche virginal, cuando no admiten pensamientos indecentes en sus corazones. Para obtener esta virtud de una manera más perfecta, para agradar a Cristo, deben tener todo en común y nada en privado. También deben prestar atención a dos cosas: primero, que una persona con un defecto de simonía no debe ser admitida de ninguna manera en el noviciado; en segundo lugar, que no deben comprar, aceptar o buscar propiedades e ingresos innecesarios o superfluos, y que no se deben pedir libros u otras cosas para vestir o artículos innecesarios, sino que intenten comer del trabajo de sus propias manos, tanto para evitar el ocio e imitar a la Virgen que trabajaba con

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