Constituciones y Directorio De Los Padres Marianos

Regla de la imitación de las Diez Virtudes Evangélicas 319 amando a Dios con todo su corazón, y a Él, al final del día, antes de acostarse, deben presentar sus obras, dando cuentas de ellas. Por tanto, deben obedecer a sus superiores por amor a Dios, recordando que la Virgen que concibió en obediencia, también permaneció en obediencia delante del hombre, es decir, el emperador Augusto y dio a luz a Dios. Porque sin la obediencia el alma no puede hacer nada bueno, ni producir ni hacer ninguna obra buena. Para tener la virtud perfecta de la obediencia, deben tener un único superior elegido en el capítulo y obedecerle firmemente. Y como tal superior ocupa el lugar de la Virgen, conviene que sea el “recipiente elegido” de la virtud y de toda perfección. En cuanto a otros superiores locales y la elección separada de quienes ejercen los cargos en las comunidades, que observen sus propias Constituciones. Todos deben recordar también que cuando llegaron a esta Orden, renunciaron a su voluntad por Dios, y que cometen un sacrilegio cuando retoman sus propias voluntades e inclinaciones. Ninguno de ellos debe haber profesado antes de cumplir los dieciséis años de edad, ni ser aceptado antes de los catorce o después de los cuarenta años de edad, a menos que exista una razón muy necesaria y urgente para tal admisión. Cuando hagan profesión religiosa, digan: En el nombre de la Santísima Trinidad, Padre e Hijo y Espíritu Santo, y la dignísima Madre de Dios, la Virgen María, yo N.N. prometo y hago el voto a Dios y a la Virgen María y a todos los santos y a ti N.N. [se menciona el título del superior ante quien se hace la profesión], observar todos los días de mi vida la “Regla de las Diez Complacencias de la Santísima Virgen María”, viviendo en castidad, obediencia y santa pobreza, ajustando mi conducta a esta Regla, por tal obligación, a la que en ella y a través de ella están ligados sus profesos. El que recibe la profesión debe decir: Si observas estas cosas, te prometo que obtendrás la recompensa del Señor Jesús en el cielo. Todos los presentes responden en voz alta: Amén.

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