Constituciones y Directorio De Los Padres Marianos

Anexo 322 Para poseer más perfectamente esta virtud de la paciencia, las almas consagradas deben ser alentadas; si a veces Dios no las escucha tan rápido o si ellas no lo encuentran inmediatamente, deben continuar buscando a Jesús con paciencia durante tres días, es decir, mediante el arrepentimiento, la confesión y la satisfacción, y finalmente, lamentándose piadosamente, deben promover, con confianza, conversaciones con Cristo y hacerle preguntas, como es costumbre que las amadas le hagan al Amado. Porque hay muchas personas que no encuentran a Jesús porque no lo buscan por tres días, sino solo por dos días; porque no hacen una confesión buena y válida porque esconden y silencian ciertos pecados. Por eso, presten atención que no hay nada que haga que un alma sea tan amigable con Jesús como para soportar gozosamente las injusticias por Él. Capítulo IX La virtud de la caridad de la Virgen, es decir, el amor al prójimo, es la novena virtud mencionada en el Evangelio, que deben poseer y cultivar de tres maneras a imitación de la Virgen. La Virgen María siempre tuvo el amor más ardiente y ha sido llena de bondad, y sobre todo de misericordia la más completa, y para agradar a Dios con su amor al prójimo, ella pensaba, hablaba y actuaba de la siguiente manera: alimentó a su Hijo con su propia leche y lo apartó de la persecución de Herodes llevándolo a Egipto [cf. Mt 2, 14]; cuidó de su prójimo pidiendo vino en Caná de Galilea [cf. Jn 2, 3] y finalmente a los siervos les dio una lección saludable, instruyéndolos e iluminándolos [cf. Jn 2, 5]. Siguiendo el ejemplo y la imitación de la Virgen, las almas consagradas para agradar a Cristo, deben alimentar a Jesús con leche, es decir, con sentimientos santos, no amar a nadie más que a Cristo y solo buscar la intimidad con Jesús, con nadie más. Además, deben llevar a Cristo a

RkJQdWJsaXNoZXIy MjI2Mw==