Anexo 290 más de evitar las trasgresiones. Porque cuando uno ayuna desordenadamente mortifica la parte inferior mientras descuida la superior, y “no es fructífero privar al cuerpo de alimento, a menos que el espíritu se abstenga de pecar.”20 4. Ya que la suavidad de vestuario favorece no solo el orgullo, sino también la concupiscencia corporal, por lo tanto, ustedes, como ermitaños deben usar atuendo del material el más común, áspero y grueso: un hábito que llega hasta los tobillos, sin que se arrastre en el suelo, ni deja descubierto sus tobillos demasiado; un abrigo corto que llega hasta las rodillas; y un cilicio de tejido grueso o algún otro material espinoso. Todos estos vestirán en blanco, en honor a blancura resplandeciente de la Madre de Dios, en cuyas vestiduras se debe guardar la mayor pureza. Porque nadie puede complacer a la pobreza sucia.21 5. En verano andarán descalzos, con sandalias de madera, al menos, dentro de la casa. Fuera de la casa en invierno, por razones de cierta decencia y para preservar la salud se permiten zapatos sencillos y uniformes pero no extravagantes, y los sombreros forrados con el cuero de corderos que se usen para proteger el cuerpo y no se prohíben usarlos en un clima frío, una vez que se haya consultado al superior general de la Congregación. Los hermanos – trabajadores deberán vestir un hábito distinto al del clero, uno de color gris que llegue hasta los tobillos y un abrigo sin cuello. Se consideran [hermanos] trabajadores a aquellos que en el coro no pueden recitar con los demás el Oficio por los difuntos y otras [oraciones] en latín. Tienen que dar descanso a su cuerpo; se acostarán en la paja, cuidando mucho su decencia, se cubrirán con su propio abrigo o con alguna manta simple de lana [peluda de un lado] o con una cobija. Todos llevarán una tonsura uniforme, según el grado de ordenación,22 respetando su tamaño y recortándose la barba y el bigote todos los meses. 20 Cf. León el Grande, Sermón IV: De Quadragesima, PL 54, 276 (núm. 157). 21 Cf. IC, Meditando VIII: Sobre la misma virtud de la pobreza, 2, p. 997. 22 En latín: “iuxta ordinum qualitatem” (según la calidad [es decir, el grado] de ordenación), es decir, según si alguien tuvo las ordenes superiores (sacerdotes, diáconos y subdiáconos) o las ordenes inferiores (lectores, acólitos).
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