Constituciones y Directorio De Los Padres Marianos

Regla de vida 283 no solamente con relación a Su enseñanza y a la Sagrada Escritura, pero igualmente con respecto a Su Iglesia y sus órdenes y documentos, que Él mismo ha formado y gobierna por el Espíritu Santo, y las decisiones de los superiores que provienen de Su Iglesia o son confirmadas por ella. 3. Además, por el amor a Dios, harán todo lo que es bueno y evitarán el mal. Deben poner en práctica toda virtud posible y detestar todos los vicios y pecados. Por el amor a Dios, deben soportar con buena voluntad y fortaleza las mortificaciones, aflicciones, injurias, calumnias, dificultades, sufrimientos, miseria, austeridad y otras situaciones similares. Por el amor a Dios deben realizar con mayor perfección sus ejercicios, deberes, tareas a ustedes confiadas y todo lo que se relacione con su estado y vocación. Deberán consagrar al Amor Divino su vida entera, acciones diarias y sufrimientos y los detalles particulares, circunstancias y cambios de todo y cada momento. Que toda y cada acción y sufrimiento por su debido a su sumisión, confianza y piedad [será consagrada] para toda la eternidad sobre el altar del amor, con un corazón puro unido a los méritos de Cristo el Señor y Su Inmaculada Madre, de todos los santos y la Iglesia universal. “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas” (cf. Dt 6, 5; Mt 22, 37). Esto, que la Divina Sabiduría deseaba que más se recomendara [según el Antiguo y Nuevo Testamento], (cf. Mc 12, 30; Lc 10, 27), deberá ser su regla común y el camino más seguro al cielo. 4. En cuanto al amor mutuo, entre ustedes que se sepa que el que se destaca en amor mutuo es el más apreciado por la Divina Majestad. Que todos tengan en mente que el alma de su Instituto es el amor, y en la medida en que se alejen del amor, también se alejan de la vida. Por consiguiente, de la misma forma que promueva el bien, la reputación, integridad y la santidad de toda la Congregación, así rendirá a los miembros individuales de esta Congregación todo lo que desearía para sí mismo. Y así deberá evitar, por tanto, como enfermedad contagiosa totalmente opuesta al amor: la envidia, el odio, el rencor, la

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