Regla de vida 281 Que vengan con el propósito de llevar una vida más perfecta, de adaptarse costumbres y a las normas [de la Congregación] y de esforzarse, con perseverancia, para llegar al objetivo de su vocación; finalmente que no estén envueltos en ningunas censuras, deudas y disputas. 5. En la educación de los novicios, dejen que se cumplan las Constituciones Apostólicas,6 pero no deben ser considerados como aptos para la profesión de los votos y el juramento de la perseverancia, sin que antes se los pruebe en todos los tipos de mortificación, oración, penitencia, recogimiento y el celo en su búsqueda por todas las demás virtudes. Háganles saber que, una vez que hayan profesado, el camino para abandono de su vocación, se les cierra7 para siempre [con la excepción de que, con la autorización del superior de la Congregación y con la dispensación de la Santa Sede sea para seguir una observancia más estricta de alguna Orden aprobada8]. Si alguien resulta ser incorregible, un instigador, un revoltoso o alguien que provoque escándalos, después de recibir tres amonestaciones, se debería encerrar en una pequeña celda por seis meses y, en caso de que no entre en razón, se debería expulsar de la Congregación o si escoge para sí alguna otra Orden aprobada, y encuentre que lo reciban amablemente, debe ser recomendado a esa Orden. 6. La fórmula para hacer la profesión de votos después del tiempo de noviciado, será la siguiente: Yo, N., hijo de N., de la diócesis de N., de N. años de edad, libre y voluntariamente, 6 Clemente VIII, Const. Cum ad regularem (19 de marzo de 1603). 7 Sin embargo, hubo casos de “abandono de la vocación” y el Padre Papczyński en 1692, pidió a la Santa Sede que emitiera una declaración que prohibiera a los confesores (y a los superiores) liberarse de votos simples (considerados como promesas) y del juramento de perseverancia en la Congregación; cf. Obras completas, anexo núm. 1. 8 Es interesante que en la NV de 1687, a los Marianos se les prohibió salir de la Congregación, incluso “con el pretexto de querer obedecer una regla religiosa más estricta,” porque, como dice el santo Padre Estanislao, “cada uno de ustedes puede aceptar tal regla en su Instituto actual,” es decir, eligiendo una residencia en el Ermita de Korabie, donde los estrictos Estatutos del ermitaño prescritos por obispo Święcicki (cf. NVS, p. 34, nota b–b).
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