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pañeros enviaron pedidos a diversos lugares, para que los fieles orasen e hicieran penitencia por la victoria sobre los turcos. Confiado en la eficacia de las oraciones y pedidos de los fieles, Juan III Sobieski se dirigió a la capital imperial y hacia la victoria. 236 El 12 de septiembre, se llevó a cabo la famosa batalla de Kahlen- berg, en la cual el ejército fue dirigido por el rey polaco, con la ayuda del príncipe de Lorena. Junto a los nobles en el ejército, estaban los campesinos, de quienes unas memorias francesas dicen que se carac- terizaban por una “increíble determinación”. Antes de la batalla, el ejercito aliado debió pelear para llegar a Viena a través de las terrazas del bosque de Viena. Esto es lo que escribió el rey sobre esto a su esposa: “ Tuvimos que pasar por unas colinas tales que no sólo debi- mos treparlas, sino que tuvimos que escalar para llegar a la cima. Desde el viernes, ni nosotros ni nuestros caballos han comido o dor- mido”. Y además, era necesario movilizar los cañones por esa zona montañosa, y por las quebradas, en lo que los polacos probaron ser mucho mejores que los austriacos, cuyos cañones se atoraron en el paso. Un ataque de la husaria fue decisivo en esta batalla, rompieron el cerco del ejercito turco que rodeaba la capital de Austria, y empu- jaron a los musulmanes entre el río Danubio y las murallas de Viena. De esta forma el ejército de Kara Mustafa fue aplastado y los aliados obtuvieron una brillante victoria. En un momento crucial, Sobieski mismo, junto a la husaria, “se lanzó valerosamente al combate... mo- vilizando a todos con su ejemplo”. El ejército turco no podía resistir un ataque de este tipo y comenzó a dispersarse. El hecho de que de los dos mil soldados polacos que se encontraban en las líneas del frente, sólo una veintena pudo conservar sus lanzas sin que se des- truyan, da testimonio de la fuerza del embate. El rey Juan III So- bieski escribe en su carta a la reina Marysienka : “Nuestro Dios y Señor sea bendito por siempre, le dio a nuestra nación una victoria y fama tan grande como jamás la había tenido en la historia. Todos los cañones, y los campos e inestimables riquezas cayeron en nuestras manos. Los enemigos, dejando las trincheras, terreno y campo de batalla lleno de cadáveres, están huyendo en confusión”. 237 Fundación de una nueva orden religiosa 325

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