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un poeta del siglo XV; y Miguel Radau (1615-1649), un jesuita. Este último no era sólo un maestro de retórica, sino también un filósofo y un orador distinguido. 150 La obra de Padre Papczynski pudo competir con otros libros de retórica existentes en esa época. Puso mucho esfuerzo en su obra al escribirla, ya que utilizando obras escritas por maestros antiguos y recientes, quiso adaptarlos a su tiempo para que fueran útiles para todos. 151 Explicaba en la introducción de este libro que éste no con- tenía nada exquisito, por lo que no estaba dirigido a los expertos sino a los estudiantes de retórica y su propósito era ayudarlos para ejerci- tarse y para adquirir el conocimiento necesario. Agregó su libro a una numerosa cantidad de obras de retórica escritas por otros auto- res, y aún explica que para algunos estudiantes le sería más útil éste que otros libros. 152 Lo que amerita una atención especial sobre el libro de Padre Papczynski es su cuidado por la educación de la ju- ventud, para que sean buenos católicos y buenos ciudadanos. Esta fue su consideración especial al elegir los textos para su libro. Creía que sus estudiantes no debían ser solamente buenos oradores, sino que debían vivir vidas ejemplares. 153 El libro de retórica de Padre Papczynski fue oportuno, y muy ne- cesario en esa época. Tuvo cuatro ediciones en menos de nueve años. La primera edición, como fue mencionado anteriormente, fue en Varsovia en 1663. 154 La segunda, también en Varsovia en 1664. 155 La tercera, en Varsovia en 1665. 156 Y la cuarta en Cracovia en 1669- 1670. 157 Cien años después, el libro de retórica de Padre Estanislao Papczynski seria aún recordado y tenido en gran estima. Se dijo en el Proceso de información que este libro de texto tenía gran fama, y era utilizado frecuentemente no sólo por estudiantes sino también por los hombres más famosos, los senadores de la República de Po- lonia y los miembros de la Dieta . 158 La fama del libro de retórica de Padre Papczynski llegó fuera de Polonia. Padre Carlos de San Antonio, el sobrino del Papa Alejandro VII, alabó la obra de este académico polaco con un epigrama especial Con los Padres Escolapios 127

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