Regla de la imitación de las Diez Virtudes Evangélicas 325 Respecto al hábito, las siguientes disposiciones serán observadas: se vestirán de la misma manera que Jesús y Su Madre. Así como, las almas consagradas a Dios deben ser semejantes a su Esposo Cristo y a Su Virgen Madre en sus acciones en sus vestimentas, es necesario que se reflejen tanto la Madre como el Hijo en las vestiduras, es decir, el color blanco en los hábitos y por el rojo en las cintas del Escapulario de la Inmaculada Concepción. Junto a este Escapulario, que se llevará debajo de la prenda exterior, estará la imagen de la Madre de Dios, decorada con un color azul oscuro. Además, llevarán diez cuentas negras de oración, que cuelguen visiblemente de su cinturón, es decir, diez Ave Marías como recordatorio de las diez virtudes de la Purísima Virgen. Finalmente, para que aquellos que hacen su profesión a esta Regla según la forma presentada arriba, puedan servir a Cristo y a Su Santísima Virgen Madre con gozo y paz y con conciencia tranquila, libres de escrúpulos y angustias sombrías, deben saber que están obligados bajo pena de pecado mortal sólo a observar los tres votos; por otro lado, aquellos quienes hicieron solamente los votos simples con el juramento de perseverancia también están obligados a cumplir este juramento. Están sujetos a otras obras de la Virgen bajo sanción de castigo o disciplina. Ahora que hemos presentado todas las formas encontradas en los Evangelios en que la Virgen María, concebida sin pecado, debe brillar y ser imitada, concluimos esta Regla con la nota de la perseverancia, porque al final, según la Sagrada Escritura, todos perseveraban en oración con María, la Madre de Jesús [cf. Hch 1, 14]. Por tanto, las personas consagradas a Dios que pertenecen de esta Orden perseveren en observancia de su Regla, porque “aquel que persevere hasta el fin, se salvará” [Mt 10, 22].
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