Constituciones y Directorio De Los Padres Marianos

Anexo 316 Los superiores están obligados a pedirle al Santo Padre que uno de los cardenales de la santa Iglesia romana sea el protector de esta Orden, a quien todos [los miembros] le deben obediencia, respeto y sujetos a la autoridad de la Sede Apostólica, a la Iglesia Romana, y firmes en la fe [cf. Col 1, 23], practicarán las virtudes de la Virgen María y lo que ella se complació en hacer. Capítulo V La virtud de la piedad es la quinta virtud mencionada en el Evangelio, que deben poseer y cultivar de tres maneras a imitación de la Virgen. La Virgen María fue siempre piadosísima, y para agradar a Dios por su piedad, pensaba, hablaba y actuaba de la siguiente manera: con mucho esmero y alegría, alababa a Dios diciendo: “Mi alma proclama la grandeza del Señor” [Lc 1, 46]. Todos los años iba a Jerusalén, acompañando a su Hijo, escuchaba sus sermones con gran devoción, regresaba a menudo a Nazaret y perseveraba en la oración con los Apóstoles [cf. Hch 1, 14]. Siguiendo el ejemplo y en imitación a la Virgen, las almas consagradas para agradar a Cristo deben, ante todo, aprender el arte y la habilidad de alabar a Dios y de orar. Deben recitar el breviario según la orden romana y cada día hacer una conmemoración especial a su Patrona, la Santísima Virgen María. Y donde se establezcan las casas bajo los títulos de la Anunciación, la [Inmaculada] Concepción o la Santísima Eucaristía o la Santísima María de las Gracias o la Santísima María de los Dolores o el Consuelo o la Santísima María de las Virtudes y similares, deben recitar el Oficio correspondiente a la fiesta patronal de ese día, durante la octava, y, además, el Oficio de cada día. Las personas que no están obligadas a recitar el Oficio de las horas canónicas deben recitar la Coronilla a la Santísima Virgen María, que incluye setenta y dos Ave Marías y siete

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