Constituciones y Directorio De Los Padres Marianos

Regla de la imitación de las Diez Virtudes Evangélicas 315 todos los aspectos las normas legales, los santos cánones y constituciones apostólicas ya emitidas o que se emitirán en el futuro, junto con los Estatutos de estos capítulos para la administración de la Orden. Capítulo IV La virtud de la fe de la Virgen es la cuarta virtud mencionada en el Evangelio, que deben poseer y cultivar de tres maneras a imitación de la Virgen. La Virgen María siempre fue muy firme en la fe y por su fe, para agradar a Dios, pensaba, hablaba y actuaba como sigue: por su fe, humildad y obediencia, concibió al Hijo de Dios, fue a las regiones montañosas, entró en la casa de Zacarías y saludó a santa Isabel, quien la felicitó: “¡Bienaventurada tú que has creído, que se cumpliría!” en ti “lo que te ha dicho el Señor” [Lc 1, 45]. Siguiendo el ejemplo y en imitación a la Virgen, las almas consagradas para agradar a Dios, deben ser firmes en la fe, porque “sin fe es imposible agradar a Dios” [Heb 11, 6]; deben también concebir a Jesús por fe e ir a las regiones montañosas de la perfección, para hacer el bien en la casa de Zacarías, esto es, en la Iglesia o en la Orden. Saludar a santa Isabel, es participar en las buenas obras de los santos. Por tanto, ninguna persona puede ser admitida en esta Orden si no es un creyente católico, si se le sospecha de haber cometido una herejía o si fue excomulgado de la Iglesia romana. Porque ¿cómo podría admitirse una persona a esta Orden que está enteramente consagrada para agradar a Dios, si no fuese creyente y ortodoxa? Para adquirir esta virtud de la fe de la manera más perfecta, que tengan cuidado de no enredarse con ideas inquisitivas o escrupulosas sobre la fe, sino que deben simplemente creer en lo que cree la santa Madre Iglesia.

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