Regla de vida 287 bebidas sin el permiso del superior, concedido prudentemente por un tiempo. Todos deben vivir de la propiedad común y de la mesa. Este permiso, sin embargo, se concederá únicamente a los ancianos y enfermos, previniendo [la posibilidad] de cualquier daño. Por lo tanto, ninguno de ustedes, sin el permiso de sus superiores, reciba nada de nadie, ya sea en la casa o fuera de ella, ni se lo dé a nadie. La herencia y los bienes, en caso de que tuviera, que los reparta antes de hacer la profesión. Si algo lo obstaculizara, entonces debería solucionar sus asuntos tan rápido como sea posible después de la profesión, ya que nuestro Señor expresó claramente: “cualquiera de ustedes que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.” (Lc 14, 33). Además, para que los miembros no se demoren en el servicio de Dios debido a privaciones bastante severas, los superiores les proporcionan todo lo que puedan en el Señor, según nuestros Estatutos, pero no en exceso. Aunque conviene que todos recuerden, y más aún, que imiten la pobreza del Rey de los Cielos, que, como leemos, ni siquiera tuvo su propia morada (cf. Mt 8, 20; Lc 9, 58); y en una ocasión, cuando tenía sed, no se sentía avergonzado de pedir agua (cf. Jn 4, 7). Así que, una vez que se encuentren en una situación de pobreza suprema,15 regocíjense mucho de poder ser verdaderos discípulos de Cristo el Señor y Sus imitadores. 3. La obediencia protege la castidad y nutre la pobreza, por eso, el espíritu que busca diligentemente la castidad debe ejercitarse en la obediencia y la pobreza, y luego la poseerá. Aunque al preservar esta virtud angelical será de gran ayuda: la modestia de los ojos y elevar el alma a Dios; huir de la 15 Esta “pobreza extrema” (summa paupertas) no se impone así legalmente a la Congregación de los Padres Marianos, sino que se indica aquí como una situación en la que podrían encontrarse como resultado de ciertos factores externos. Sin embargo, día a día se recomienda el espíritu de la suprema pobreza, es decir, conformarse con lo realmente necesario para la vida, la modestia, la sencillez y la economía en la vivienda y la alimentación, como se puede ver en los siguientes capítulos de NV. De hecho, los Marianos vivían en general en la “suprema pobreza”, como atestigua el obispo Wierzbowski en 1679. Cf. Positio, p. 399, § 12; NVS, p. 42, nota 43.
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