Prólogo informativo 1. Esta Congregación de la Inmaculada Concepción, sobre la cual le proporcionamos esta información a usted, Estimadísimo Lector, fue erigida en el estado eremítico, de acuerdo con el derecho canónico, por muy piadoso arzobispo Esteban Wierzbowski, obispo de Poznań y electo de Gniezno,1 quien pasó gloriosamente por esta vida; luego, el Papa Inocencio XI, de feliz memoria, se dignó conceder ciertas indulgencias y una confraternidad2 y finalmente el ilustre e invencible monarca Juan III, muy felizmente reinante rey de Polonia, junto con toda la República Polaca, decidió reconocerlas, aceptarlas y perpetuamente protegerlas en el Parlamento que se realizó en Varsovia en 1677.3 2. Sin duda, los ermitaños fueron y son actualmente de tres tipos, como nos lo enseña en la obra Quœstiones Regulares [Cuestiones religiosas], muy erudito Padre Emanuel Roderyk, un conocido teólogo portugués de la Orden de los Franciscanos Observantes [de la Observancia]. Unos de ellos 1 La Congregación de la Inmaculada Concepción fue erigida el 21 de abril de 1679 (cf. Positio, pp. 383–400). El obispo Esteban Wierzbowski (1620–1687), ordinario de Poznań desde 1663, fue nombrado por el rey Juan Sobieski al arzobispado de Gniezno en 1686, pero no logró recibir la confirmación de esta nominación por parte de la Santa Sede antes de su muerte. 2 El Papa lo hizo mediante la breve Cum sicut acceptimus del 20 de marzo de 1681 (cf. Positio, pp. 404–409), que fue el primer reconocimiento de la Congregación de los Marianos por parte de la Santa Sede. Es cierto que por el breve los Marianos estaban dotados de “ciertas indulgencias”, pero es difícil decir lo mismo de la fraternidad. Sin embargo, existe una afirmación, infundada, de que este breve también se aplica a la “cofradía de los fieles.” Sin embargo, el obispo Wierzbowski [y con él los Marianos] dedujeron de este apéndice que la Santa Sede les autorizó fundar una cofradía. Entonces, a partir de ese momento, los Marianos comenzaron a fundar en sus iglesias la “Cofradía de la Inmaculada Concepción para auxiliar a las almas de los fieles difuntos.” Cf. a seguir, cap. VII, § 8. 3 Cf. el documento de referencia en Positio (pp. 376–378). Se trata del rey Juan III Sobieski (1674–1696).
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