Lumen Spanish
E STANISLAO P APCZYNSKI 488 En los años subsecuentes (aunque la fama de la santidad de Padre Estanislao continuaba), debido a las guerras constantes y a las perse- cuciones sufridas por la Iglesia y por las naciones polaca y lituana, no existían condiciones favorables para reiniciar esfuerzos sobre este tema. En 1918, Polonia y Lituania recuperaron su independencia, pero los documentos fueron dispersados en varios archivos, y no hubo suficiente tiempo para hacer las preparaciones apropiadas. Por ello, los marianos tampoco pudieron reiniciar el proceso de beatifi- cación antes de la Segunda Guerra Mundial. Fue solamente en 1953, después de muchos pedidos de los marianos y de los fieles, y después de que se hubiese comenzado el trabajo sobre la publicación del Po- sitio super Introductione Causae et super virtutibus del Siervo de Dios Estanislao, que se hizo posible retomar la causa. En 1977, la Positio fue publicada y evaluada por consultores his- tóricos, y el 6 de marzo de 1981, la causa fue introducida ante la Sede Apostólica. En los años 1981-1982, un proceso de non cultu fue conducido en Varsovia. El decreto super validitate Processus (sobre la validez del proceso diocesano) fue promulgado en 1990. Otras evaluaciones de la Positio super Virtutibus también fueron lle- vadas a cabo. Entonces, el 22 de enero de 1991, durante un Con- greso ordinario de la congregación, presidida por Antonio Petti, promotor general de la fe, los consultores teológicos indicaron que el Siervo de Dios practicó las virtudes en un grado heroico. El 17 de marzo de 1992, después de escuchar el informe dado por Paulino Limongi, arzobispo titular de Niza en Hemimont, los cardenales y los obispos reunidos en una Congregación ordinaria de- clararon que el Siervo de Dios Estanislao de Jesús María Papczynski practicó las virtudes teologales, las virtudes cardinales, y otras virtudes asociadas a éstas, en grado heroico. Después de que los resultados de la investigación conducida por el cardenal prefecto abajo firmante habían sido presentado al Papa Juan Pablo II, el Santo Padre aceptó gustosamente la decisión de la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos y pidió que se prepare el decreto sobre las virtudes heroicas del Siervo de Dios.
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