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En su carta al superior de los marianos, fechada en 18 de octubre de 1751, Padre Wyszynski escribe desde Roma sobre el por qué del deseo de elevar a ciertas personas al honor de los altares: “El propósito de las beatificaciones y canonizaciones de los Siervos de Dios que lleva a cabo la Iglesia tiene dos partes: primero, que Dios sea glorificado en sus siervos; y la segunda, que los fieles imiten las vidas santas de los Siervos de Dios”. 109 La carta de arriba, que contiene una cita de un autor que era una autoridad respetada sobre este tema en la época, es una instrucción de cómo proceder en el tema del comienzo del proceso de beatifica- ción. La carta demuestra también que Padre Wyszynski tenía en mente los objetivos correctos al promover esta causa de beatificación de Padre Papczynski; los mismos objetivos que tiene la Iglesia cuando eleva a sus hijos e hijas al honor de los altares. De todas formas, estaba ansioso de asegurarse de que su orden tuviese su propio patrono, que él personalmente consideraba un santo. 110 Historia de un retrato Como postulador del proceso de beatificación de Padre Pap- czynski en Roma, Padre Wyszynski se esforzó por hacer pintar su re- trato en 1752. Un famoso pintor de nombre Antonio Albertoni, 111 motivado por su reverencia a Padre Papczynski, lo pintaría gratis. Padre Wyszynski le dio una copia del retrato original, 112 para que pu- diese pintar la figura del fundador de los marianos en los últimos años de su vida. Sin embargo, el artista no utilizó la imagen dada y lo pintó como un joven hombre, de ojos vivaces y cara rojiza, sin ningún signo de modestia o santidad. Se le dijo al pintor que su cua- dro no tenía nada que ver con la imagen de Padre Papczynski: en- trado en años, marcado por la penitencia, dedicado a la contemplación, absorto en la meditación de la eternidad, amable en su mirada y gestos, lejos de los asuntos de esta tierra. Se le pidió al artista que corrigiese el retrato. E STANISLAO P APCZYNSKI 448

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