Lumen Spanish

Purgatorio. 47 A menudo les decía “Hermanos, por favor recen por los difuntos, porque sufren terriblemente”. Los que oían sus sermones estaban convencidos de que cada vez que estaba en éxtasis, tenía una visión del Purgatorio. Muy a menudo, en sus amonestaciones y ser- mones a la gente, les pediría con lágrimas en los ojos que ayudasen a los difuntos, diciendo que había más almas en el Purgatorio que gente en la tierra. Y decía que sufren terriblemente al tratar de cumplir con la justicia de Dios. Mientras tanto, ofrecía todas sus enfermedades, dolores, trabajos y persecuciones (y había sufrido muchas), mortifi- caciones, y otras obras piadosas en sacrificio por las almas del Purga- torio. Instruyó a sus hermanos para que siempre recuerden esta obligación de misericordia hacia los difuntos y para que los encomien- den a la Santísima Virgen María, concebida sin pecado, la Madre de la Gracia y la misericordiosa Protectora de las almas del Purgatorio. 48 Para ayudar a las almas del Purgatorio, les ordenó a sus compañe- ros que rezasen el Santo Rosario y el Oficio de los difuntos cada día. También les dijo que ofreciesen cada mérito, trabajo, mortificación y otras obras de misericordia para las almas, para que pudieran ser li- beradas de sus sufrimientos insoportables del Purgatorio. 49 Era deseo de Padre Estanislao que se ofreciesen oraciones especiales por los compañeros moribundos y difuntos. Cuando alguno de ellos estaba muriendo, les ordenó que se reunieran todos en torno a su lecho al sonido de la campana, lo apoyasen con sus oraciones y lo en- comendasen a la misericordia de Dios. En la opinión de Padre Esta- nislao, era obligación del superior darle al enfermo no sólo asistencia médica, sino toda la ayuda posible para obtener la vida eterna. Esto se lograba con una sincera confesión de los pecados, con encomen- darse a Dios y al confesor, recibir con piedad la Santa Eucaristía y la unción de los enfermos, invocando la ayuda de los que están en el cielo, y poniendo toda la confianza en los méritos del Salvador. 50 Era también necesario recitar otras oraciones que se acostumbraba rezar con los moribundos, y encomendar ardientemente su alma a Dios. Luego de que la persona moría, se debía lavar con cuidado su cuerpo y enterrarlo dentro de los tres días. Era necesario notificar a las otras E STANISLAO P APCZYNSKI 436

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