Lumen Spanish
“Ahora Señor, ya puedes dejar que tu servidor muera en paz, como le has dicho. Porque mis ojos han visto tu salvación...” (Lc 2, 29-30). En ese momento Padre Estanislao se sintió tan aliviado como al- guien “luego de un gran llanto”. Estaba tan feliz que parecía que al- guien le había quitado todas las preocupaciones al fin de su vida. Este gozo extraordinario lo fortaleció tanto que dejó su celda y seguido por sus compañeros, fue hacia la iglesia del Cenáculo cantando Te Deum laudamus con gran entusiasmo y gratitud. El gozo muy grande, como el dolor profundo, a menudo se expresa en silencio. Pero su gozo era tan grande ¡qué no nos sorprende que quisiera can- tarlo! Luego, regresó a su celda donde tuvo una revelación de que pronto moriría. Compartió estas noticias con sus compañeros y com- pletó su segundo y último testamento. 100 Este testamento es una ar- diente declaración de su amor a Dios, a la Santísima Virgen María, y a la Iglesia, y a la comunidad mariana. Los pensamientos de arrepen- timiento se mezclan con los de gratitud hacia Dios y a las personas por todas las bendiciones y bondades recibidas. En su testamento, Padre Papczynski hizo profesión solemne de su fe católica romana, por la que había estado dispuesto a derramar su sangre cuando lo atacó el soldado sueco. Le dio gracias a la Divina Providencia por el sufrimiento que había soportado en las persecu- ciones en la Orden Escolapia. Luego de mencionar que había sido dispensado de los votos simples en esa orden, menciona el hecho de que cedió dos beneficios ofrecidos a él por el obispo Trzebicki de Cracovia y el obispo Gembicki de Plock. Luego recuerda como, con el consejo de muchos teólogos, y con la bendición del nuncio apos- tólico de Polonia, inició la Congregación de los Padres Marianos. Luego amonestaba a sus compañeros a ser fieles y sumisos a la Santa Sede y a todos sus representantes. Les pedía que lo perdonasen, si alguna vez había sido causa de escándalo por sus imperfecciones. Les agradecía a todos los benefactores de la congregación, especialmente a la familia Wierzbowski y al cardenal Radziejowski, y les pedía que siguieran protegiéndola. Con aprobación del obispo, nombraba a Padre Joaquín de Santa Ana su sucesor, obligándolo en conciencia a Fin de la vida de Padre Estanislao 401
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