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nuestra Señora delle Grazie de Faena, y su fama se extendió fuera de los límites de Italia. El culto de Nuestra Señora de la Gracia fue introducido en Polonia por Padre Jacinto Orselli, el primer rector escolapio de Varsovia na- cido en Brisighelli cerca de Faenza. Orselli decidió inaugurar los tra- bajos de los escolapios en Varsovia bajo la protección de su Madonna delle Grazie , que había venerado desde que era muy joven. En Var- sovia, la Madonna era llamada Nuestra Señora de la Gracia. Se con- virtió en la Patrona del colegio escolapio y más tarde en la Patrona de Varsovia. 227 Cuando se desencadenó una epidemia en Varsovia en 1651, la gente buscó un refugio en María. Se comisionó una pintura similar al icono de Faenza. Una copia de este famoso icono fue pintada por un artista desconocido representante de la escuela veneciana del pe- ríodo barroco. En él se muestra a María con un vestido rosa atado con una cuerda dorada, un manto azul con sus pliegues cayendo desde sus brazos abiertos. En sus manos María sostiene las flechas rotas de la ira de Dios. Su corona sobre la aureola está sostenida por dos ángeles. El pelo largo de Nuestra Señora cae sobre sus hombros. Esta pintura relativamente grande (132 cm x 104 cm) fue montada en un marco oval dorado rodeado de un nimbo de estrellas doradas. Esta pintura fue traída a Varsovia desde Roma en 1651 por el nun- cio papal, el arzobispo Juan de Torres, como un regalo del Papa Ino- cencio X al rey Juan Casimiro. Como los padres escolapios eran los que estaban extendiendo el culto de Nuestra Señora de la Gracia, el rey les regaló solemnemente esta pintura, que debía ser conservada en su iglesia de la calle Dluga. Se construyó un magnífico altar en el cual el santo icono fue entronizado el 24 de marzo de 1652. El nun- cio papal adornó la pintura con una corona de oro cubierta de perlas, un regalo del pueblo de Varsovia. La pareja real participó de esta ce- lebración especial junto con grandes multitudes de la ciudad. Fue entonces cuando Varsovia, tan atormentada por la epidemia, experi- mentó la protección de María. La epidemia terminó de pronto. 228 El E STANISLAO P APCZYNSKI 138
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