Regla de la imitación de las Diez Virtudes Evangélicas 313 a “los mentirosos” [Sal 5, 7]. La sabiduría perfecta consiste en saber cómo agradar a Dios y cómo evitar todo pecado que ofende a Dios. Por eso deben reflexionar constantemente y de todo corazón evaluar cómo han observado la Regla de la Santísima Virgen María y si sus vidas son puras y agradables ante Jesús. Sobre todo, deberían ser conscientes de Herodes y Arquelao; porque no carece de significado espiritual que el hecho de que la Virgen huyó de estos dos reyes: Herodes personificó el vicio de la carne y Arquelao el de la ambición desmedida – dos pecados que se vencen mejor huyendo que luchando. Siguiendo el ejemplo de la Virgen, las personas que observan esta Regla, deben evitar toda familiaridad y eludir todo nombramiento a cualquier oficio o posición de autoridad. Mas aun, puede decirse que verdaderamente han huido de Herodes cuando han muerto a la carne; y se han alejado de la ambición cuando solamente por obediencia es que han aceptado la posición que ocupan. Para una observancia más perfecta de esta prudencia de la Virgen, en la Casa de María categóricamente no deben ser aceptadas personas que no sean angelicales, es decir, sanas en cuerpo y mente, de buena reputación, verdaderos fieles católicos, suficientemente educados y sin ataduras mundanas. Capítulo III La virtud de la humildad de la Virgen es la tercera virtud mencionada en el Evangelio, que deben poseer y cultivar de tres maneras a imitación de la Virgen. La Virgen María fue siempre la humildísima, en cuya humildad miró el Señor [cf. Lc 1, 48], y por su humildad para agradar a Dios, pensaba, hablaba y actuaba como sigue: porque se perturbó o sea, se atemorizó, alabada por Gabriel, a quien respondió humildemente diciendo: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” [Lc 1, 38].
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