Capítulo I La virtud de la pureza de la Virgen María es la primera virtud mencionada en el Evangelio, que deben poseer y cultivar de tres maneras a imitación de la Virgen. No podemos enumerar todas las virtudes de la Virgen en detalle, pero solo mencionaremos las que se nombran claramente en el Evangelio. Allí leemos en primer lugar que se menciona la virtud de la virginidad [castidad], para que las almas consagradas a Dios sepan que deben esforzarse sobre todo y usar todas sus capacidades de pensar, para que, a ejemplo de la Virgen, como verdaderas esposas, agraden a Cristo en castidad y piensen, digan y hagan como pensaba, decía y actuaba la Virgen por su pureza, como lo leemos en el Evangelio. Y por el Evangelio se sabe que la Virgen, por su pureza virginal, para agradar a Dios de la mejor manera posible, en primer lugar, juró la virginidad y, además, en el mismo Evangelio leemos que se casó con San José [cf. Lc 1, 27] y finalmente le preguntó a Gabriel, diciendo: “¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?” [Lc 1, 34]. Así, las personas de esta Orden, siguiendo el ejemplo e imitación de la Virgen, para agradar a Cristo Esposo, hagan voto de castidad perpetua y acepten al verdadero José, es decir, Jesús, como su Amado. Que no busquen vanidad y que no hablen ni escuchen palabras de amor vano, sino que traten de vivir en intimidad solo con Jesús, su Esposo. ¡Oh, qué dulce y gozosamente morirá esta persona que en su vida, aparte de Jesús, no tuvo otro Amado! Para poseer esta virtud, eviten la ociosidad, las borracheras, las compañías sospechosas, los adornos faciales y corporales, y cantar en voz alta para agradar a la gente, traten de agradar sólo a Cristo, que es todo lo deseado y digno de amor y el más bello de todos. ¡Oh, cuántos se han perdido por la ociosidad y la borrachera! ¡Cuánta
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