Vida comunitaria 119 CAPÍTULO II CARIDAD FRATERNA Y EL CUIDADO DE LOS ENFERMOS Don y precepto de la caridad 98La caridad que fue “derramada en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” (Rom 5, 5) y por la cual estamos unidos con Cristo por el bautismo y la participación en la Eucaristía. Los miembros extiendan a todos sus cofrades, a quienes los une la misma vocación y norma de vida. Dejen que el amor fraterno mutuo, que es el alma de la vida comunitaria y de todo lo que sucede en la Congregación, les permita desarrollar entre ellos pensamientos, corazón y acción; anticípense en respetarse uno al otro, sean condescendientes y perdónense mutuamente, corríjanse uno al otro en el Señor, estimúlense al bien. PC 15; NV II, 4; CR 288, 292 Un solo corazón 99A ejemplo de la Iglesia primitiva en la que “la multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma” (Hch 4, 32). Cofrades no solamente vivan con los demás sino por los demás en espíritu de servicio fraternal, olvidándose de sí mismos. Préstense ayuda, favores, defensa y consuelo unos a otros. Uniendo sus fuerzas y consejos, luchen de acuerdo y unánimemente en fraterna emulación para lograr los propósitos de la Congregación. Cada uno alégrese del buen éxito del trabajo de los demás y ayúdeles a perfeccionar sus dotes en el servicio a Dios. (D 60) PC 15; NV II, 4; CR 288 Cuidado especial 100Haya un especial cuidado a los cofrades que están enfermos, ancianos e impedidos. Todos, pero especialmente los superiores, atiéndanlos con caridad y solicitud, y procuren ofrecerles condiciones tales que puedan sentirse siempre útiles. (D 61–67) CR 394
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